de la impopularidad; sino que incumbe al hombre sabio mirar con ojo audaz aquellos peligros más raros que a veces invaden a los hombres, y familiarizarse con formas repugnantes de enfermedad, con sonidos de execración y con la visión de la muerte violenta.
Los tiempos de heroísmo son por lo general tiempos de terror, pero jamás brilla el día en que este elemento no pueda obrar.
Las circunstancias del hombre, decimos, son históricamente algo mejores en este país y en esta época que quizás nunca antes. Existe mayor libertad para la cultura. Esta ya no chocará contra un hacha al dar el primer paso fuera del camino trillado de la opinión.
Pero quien sea heroico siempre encontrará crisis para poner a prueba su filo. La virtud humana exige a sus campeones y mártires, y la prueba de la persecución siempre prosigue. No hace sino unos días que el valiente Lovejoy ofreció su pecho a las balas de una turba, por los derechos de la libertad de expresión y de opinión, y murió cuando era preferible no vivir.