Ahora escucha la romanza de mi mañana, relato las señales de Aquel que Responde, A las ciudades y a las granjas canto mientras se extienden bajo el sol ante mí.
Un joven viene a mí portando un mensaje de su hermano,
¿Cómo sabrá el joven el paradero y el cuándo de su hermano?
Dile que me envíe las señales.
Y me paro ante el joven cara a cara, y tomo su mano derecha en mi mano izquierda y su mano izquierda en mi mano derecha,
- Y respondo por su hermano y por los hombres,
- y respondo por aquel que responde por todos,
- y envío estas señales.
- A él todos le esperan,
- a él todos se rinden,
- su palabra es decisiva y final,
- A él aceptan,
- en él se lavan,
- en él se perciben como en medio de la luz,
- A él se sumergen y él los sumerge.
Bellas mujeres, las naciones más altaneras, las leyes, el paisaje, la gente, los animales, La tierra profunda y sus atributos y el océano inquieto, (así cuento la romanza de mi mañana,) Todos los goces y propiedades y el dinero, y lo que el dinero pueda comprar, Las mejores granjas, otros trabajando y sembrando y él inevitablemente cosecha, Las ciudades más nobles y costosas, otros nivelando y edificando y él se domicilia allí, Nada para nadie que no sea para él, lo cercano y lo lejano son para él, los barcos en la distancia, Los perpetuos espectáculos y desfiles en tierra son para él si son para cualquiera.
Él pone las cosas en sus posturas,
Él expulsa de sí el día de hoy con plasticidad y amor,
Él sitúa sus propios tiempos, reminiscencias, padres, hermanos y hermanas, asociaciones, empleo, política, de modo que el resto nunca los avergüence después, ni pretenda mandarlos.
Él es el Contestador,
- Lo que puede contestarse lo contesta,
- y lo que no puede contestarse muestra cómo no puede contestarse.
Un hombre es una citación y un desafío,
(Es en vano escabullirse—¿oyes esa burla y esa risa? ¿oyes los ecos irónicos?)
Libros, amistades, filósofos, sacerdotes, acción, placer, orgullo, que andan de arriba abajo buscando dar satisfacción,
Él señala la satisfacción, y los señala a ellos que andan de arriba abajo también.
Sea cual sea el sexo, cualquiera sea la estación o el lugar, él puede ir fresca y suave y seguramente de día o de noche,
Tiene la llave maestra de los corazones, para él es la respuesta al tanteo de las manos en los picaportes.
Su bienvenida es universal, el flujo de la belleza no es más bienvenido ni más universal que él,
La persona a la que favorece de día o con la que duerme de noche es bendecida.
Toda existencia tiene su idioma, todo tiene un idioma y una lengua,
Él resuelve todas las lenguas en la suya y la otorga a los hombres, y cualquiera traduce, y cualquiera se traduce a sí mismo también,
Una parte no se opone a otra parte, él es el ensamblador, él ve cómo se ensamblan.
Dice indiferente y por igual ¿Cómo estás amigo?, al Presidente en su recepción, Y dice Buenos días hermano mío, a Cudge que azada en el cañaveral, Y ambos lo entienden y saben que su discurso es correcto.
Camina con perfecta soltura en el capitolio, camina entre el Congreso, y un Representante le dice a otro: He aquí a nuestro igual que aparece y es nuevo.
Luego los mecánicos lo toman por mecánico, Y los soldados suponen que es un soldado, y los marineros que ha surcado los mares, Y los autores lo toman por autor, y los artistas por artista, Y los obreros perciben que podría laborar con ellos y amarlos,
Sin importar cuál sea el trabajo, que él es quien lo emprende o lo ha emprendido, Sin importar la nación, que allí podría hallar a sus hermanos y hermanas.
Los ingleses creen que desciende de su estirpe inglesa, judío le parece al judío, ruso al ruso, habitual y cercano, apartado de nadie.
A quienquiera que mire en la cafetería del viajero lo reclama,
- El italiano o el francés está seguro, el alemán está seguro, el español está seguro, y el cubano isleño está seguro,
- El ingeniero, el marinero de cubierta de los grandes lagos, o del Misisipi o del San Lorenzo o del Sacramento, o del Hudson o del estrecho de Paumanok, lo reclama.
El caballero de sangre perfecta reconoce su sangre perfecta,
- El insultador, la prostituta, el colérico, el mendigo, se ven en los modos de él,
- él extrañamente los transmuta,
Ya no son viles, apenas se conocen a sí mismos de tanto haber crecido.