¡Manhattan de magnífico rostro! ¡Camaradas americanos! A nosotros, por fin, llega entonces el Oriente.
A nosotros, ciudad mía,
Donde nuestras bellezas de hierro y cumbres de mármol se alinean en bandos opuestos, para caminar en el espacio intermedio,
Hoy llegan nuestras Antípodas.
Llega la Originadora,
El nido de los idiomas, la legadora de poemas, la raza de antaño, Florida de sangre, pensativa, arrebatada de meditaciones, ardiente de pasión, Sofocante de perfume, con amplios y fluidos ropajes, Con el rostro tostado por el sol, de alma intensa y ojos relucientes,
Llega la raza de Brahma.
¡Ved mi cantabile! Estos y más destellan hacia nosotros desde la procesión, Mientras avanza cambiando, un caleidoscopio divino avanza cambiando ante nosotros.
Porque no los enviados ni el bronceado japonés de su isla solamente, Ágil y silencioso aparece el hindú, el continente asiático mismo aparece, el pasado, los muertos, La turbia noche-mañana de asombro y fábula inescrutable, Los misterios envueltos, las viejas y desconocidas abejas de la colmena, El norte, el sur sofocante, la Asiria oriental, los hebreos, el anciano de los ancianos, Vastas ciudades desoladas, el presente escurridizo, todos estos y más están en la procesión-desfile.
La geografía, el mundo, está en ella,
- El Gran Mar, el hervor de islas, Polinesia, la costa más allá,
- ¡La costa que desde ahora estás mirando —tú, Libertad!, desde tus occidentales doradas orillas,
- Los países allí con sus poblaciones, las masas de millones curiosamente aquí,
- Los bulliciosos mercados, los templos con ídolos alineados a los lados o al fondo, bonzo, brahmán y lama,
- Mandarín, labrador, comerciante, artesano y pescador,
- La cantante y la bailarina, los extáticos, los emperadores recluidos, el mismísimo Confucio, los grandes poetas y héroes, los guerreros, las castas, todos,
- Desfilando en tropel, agolpándose desde todas las direcciones, desde los montes Altái,
- Desde Tíbet, desde los cuatro ríos serpenteantes y de largo curso de China,
- Desde las penínsulas meridionales y las islas semicontinentales, desde Malasia,
Estos y cuanto les pertenece se manifiestan palpables ante mí, y son apresados por mí, Y yo soy apresado por ellos, y sostenido amistosamente por ellos, Hasta que a todos ellos aquí los canto, ¡Libertad!, por ellos mismos y por ti.
Pues yo también alzando mi voz me uno a las filas de este desfile, soy el cantor, canto en voz alta sobre el desfile, canto al mundo en mi mar Occidental, canto copiosas las islas más allá, espesas como estrellas en el cielo, canto al nuevo imperio más grandioso que ninguno de antes, tal como en visión llega a mí, canto a América la dueña, canto a una supremacía mayor, canto proyectadas mil ciudades florecientes aún a su tiempo en esos grupos de islas marinas, Mis barcos de vela y vapores surcando los archipiélagos, Mis barras y estrellas ondeando al viento, El comercio abriéndose, hecho ya el trabajo del sueño de los siglos, razas renacidas, refrescadas, Vidas, obras reanudadas—el objeto no lo sé—sino lo viejo, lo Asiático renovado como debe ser, Comenzando desde este día rodeado por el mundo.