El halcón moteado pasa planeando y me acusa, se queja de mi palabrería y de mi holgazanería.
Yo tampoco soy un ápice dócil, yo tampoco soy traducible, lanzo mi bárbaro alarido sobre los techos del mundo.
El último jirón del día se detiene por mí, Arroja mi imagen tras el resto y tan fiel como cualquiera sobre los campos sombríos, Me seduce hacia el vapor y el crepúsculo.
Me marcho como el aire, sacudo mis blancas guedejas al sol huidizo, derramo mi carne en remolinos y la arrastro en jirones de encaje.
Me lego a la tierra para crecer del pasto que amo,
Si me quieres de nuevo, búscame bajo las suelas de tus botas.
Apenas sabrás quién soy o qué quiero decir, Sin embargo, seré una buena salud para ti, Y filtraré y fibraré tu sangre.
Si no me encuentras al principio, mantén el ánimo, si me pierdes en un lugar, busca en otro, en algún lugar me detendré a esperarte.