Soy el hombre crédulo de cualidades, de edades, de razas, avanzo desde el pueblo en su propio espíritu,
He aquí lo que canta la fe sin restricciones.
¡Omnes! ¡omnes! que los demás ignoren lo que quieran, yo hago también el poema del mal, conmemoro también esa parte, yo mismo soy tanto el mal como el bien, y mi nación lo es —y digo que de hecho no hay mal, (O si lo hay digo que es tan importante para ti, para la tierra o para mí, como cualquier otra cosa.)
Yo también, siguiendo a muchos y seguido por muchos, inauguro una religión, desciendo a la arena,
(Puede que esté destinado a proferir allí los gritos más fuertes, los vítores triunfales del vencedor, ¿Quién sabe? tal vez surjan aún de mí, y se alcancen a elevar por encima de todo.)
Cada uno no es por sí mismo, digo que toda la tierra y todas las estrellas del cielo son por causa de la religión.
Digo que ningún hombre ha sido jamás ni remotamente lo bastante devoto,
Nadie ha adorado ni venerado jamás ni remotamente lo bastante,
Nadie ha empezado a pensar cuán divino es él mismo, y cuán cierto es el futuro.
Digo que la grandeza real y permanente de estos Estados debe ser su religión,
De otro modo no hay grandeza real ni permanente; (Ni carácter ni vida dignos de ese nombre sin religión, Ni tierra ni hombre o mujer sin religión.)