¡Vosotros, los rezagados de guardia! ¡A las armas!
¡Entran a raudales por las puertas conquistadas!
¡Estoy poseído! Encarno todas las presencias proscritas o sufrientes, Me veo en prisión con la forma de otro hombre, Y siento el dolor sordo e ininterrumpido.
Para mí los celadores de convictos cargan sus carabinas y montan guardia, Soy yo quien sale por la mañana y queda trancado por la noche.
No marcha un amotinado encadenado a la cárcel sin que yo marche encadenado a él y a su lado, (soy menos el alegre de allí, y más el silencioso con sudor en los labios trémulos.)
No cae un muchacho por hurto sin que yo también sea llevado, juzgado y condenado.
No yace un enfermo de cólera en sus últimas agonías sin que yo también yazca en sus últimas agonías, Mi rostro es del color de la ceniza, mis tendones se retuercen, de mí la gente se retira.
Los demandantes se encarnan en mí y yo me encarno en ellos, proyecto mi sombrero, me siento avergonzado y mendigo.