Orgullosa música de la tormenta, Soplo que corres tan libre, silbando por las praderas, Fuerte murmullo de las copas de los árboles del bosque—viento de las montañas, Sombras vagas personificadas—orquestas ocultas, Serenatas de fantasmas con instrumentos alerta, Que mezcláis con el ritmo de la Naturaleza todas las lenguas de las naciones; Acordes dejados como por vastos compositores—coros, Danzas sin forma, libres, religiosas—vosotros del Oriente, Bajo tono de los ríos, rugido de cataratas torrenciales, Sonidos de cañones lejanos con caballería al galope, Ecos de campamentos con todas las llamadas de corneta diversas, Que marcháis tumultuosos, llenando la alta medianoche, doblandome impotente, Entrando en mi solitaria cámara de sueño, ¿por qué me habéis prendido?
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