Solo, lejos en los parajes silvestres y en las montañas, cacé,
- Vagando maravillado de mi propia ligereza y regocijo,
- Al atardecer buscando un lugar seguro para pasar la noche,
- Encendiendo una hoguera y asando la presa recién cazada,
- Durmiéndome sobre las hojas amontonadas con mi perro y mi escopeta a mi lado.
El clíper yanqui despliega sus velas de cielo, corta el brillo y la espuma,
Mis ojos descubren la tierra, me inclino en su proa o grito alegremente desde la cubierta.
Los boteros y mariscadores se levantaron temprano y pasaron por mí, me metí los extremos de los pantalones dentro de las botas y fui a pasarla bien; Debiste haber estado con nosotros ese día alrededor de la olla de chowder.
Vi el matrimonio del trampero al aire libre en el lejano oeste, la novia era una muchacha roja,
Su padre y sus amigos se sentaban cerca con las piernas cruzadas y fumaban en silencio, llevaban mocasines en los pies y grandes mantas gruesas colgando de sus hombros,
En un talud descansaba el trampero, iba vestido mayormente con pieles, su frondosa barba y sus rizos protegían su cuello, sostenía a su novia de la mano,
Ella tenía largas pestañas, su cabeza estaba descubierta, sus gruesos y lacios cabellos descendían sobre sus voluptuosos miembros y llegaban hasta sus pies.
El esclavo fugitivo vino a mi casa y se detuvo afuera, oí sus movimientos crujiendo las ramitas de la leña, Por la media puerta oscilante de la cocina lo vi flojo y débil, Y fui a donde él estaba sentado en un tronco y lo conduje adentro y lo aseguré, Y traje agua y llené una tina para su cuerpo sudoroso y sus pies magullados, Y le di una habitación que comunicaba con la mía, y le di ropa burda y limpia, Y recuerdo perfectamente bien sus ojos giratorios y su torpeza, Y recuerdo haberle puesto emplastos en las rozaduras del cuello y los tobillos; Se quedó conmigo una semana antes de recuperarse y pasar al norte, Lo hice sentarse junto a mí a la mesa, mi arcabuz apoyado en el rincón.