No pasa un día, ni un minuto o segundo sin un alumbramiento,
No pasa un día, ni un minuto o segundo sin un cadáver.
Las noches grises pasan y los días grises también,
La llaga de yacer tanto en cama pasa,
El médico tras larga espera da la mirada silenciosa y terrible por respuesta,
Los niños vienen apresurados y llorosos, y se manda llamar a los hermanos y hermanas,
Los medicamentos quedan sin usar en el estante, (el olor a alcanfor ha invadido las habitaciones desde hace mucho,)
La mano fiel del viviente no abandona la mano del moribundo,
Los labios temblorosos presionan levemente la frente del moribundo,
El aliento cesa y el pulso del corazón cesa,
El cadáver se estira en la cama y los vivos lo contemplan,
Es palpable como los vivos son palpables.
Los vivos miran al cadáver con sus ojos,
Pero sin ojos ronda un vivir distinto y mira con curiosidad al cadáver.