Veo los campos de batalla de la tierra, la hierba crece sobre ellos, y flores y maíz, veo las huellas de antiguas y modernas expediciones.
Veo las mamposterías sin nombre, venerables mensajes de los acontecimientos desconocidos, héroes, registros de la tierra.
Veo los lugares de las sagas, veo pinos y abetos desgarrados por los soplos del norte, veo peñascos y acantilados de granito, veo verdes praderas y lagos, veo los túmulos funerarios de los guerreros escandinavos, los veo alzados con altas piedras a la orilla de océanos inquietos, para que los espíritus de los hombres muertos, cuando se cansaran de sus quietas tumbas, pudieran elevarse a través de los túmulos y contemplar el oleaje bravío, y verse refrescados por las tormentas, la inmensidad, la libertad, la acción.
Veo las estepas de Asia, Veo los túmulos de Mongolia, Veo las tiendas de los calmucos y baskires, Veo las tribus nómadas con rebaños de bueyes y vacas, Veo las mesetas recortadas por barrancos, Veo las selvas y los desiertos, Veo al camello, al corcel salvaje, a la avutarda, a la oveja de cola grasa, al antílope y al lobo cavador.
Veo las tierras altas de Abisinia, veo rebaños de cabras paciendo, y veo la higuera, el tamarindo, la datilera, Y veo campos de trigo teff y lugares de verdor y oro.
Veo al vaquero brasileño, veo al boliviano ascendiendo al monte Sorata, veo al guaso cruzando las llanuras, veo al jinete incomparable con el lazo en el brazo, veo sobre las pampas la persecución del ganado cimarrón por sus pieles.