Respondiendo a nuestra llamada, O más bien a su inclinación largamente acariciada, Unida a una irresistible gravitación natural, ¡Ella viene! Oigo el crujir de su vestido, Percibo el olor de la deliciosa fragancia de su aliento, Noto su paso divino, sus curiosos ojos que se vuelven, rodando, Sobre esta misma escena.
¡La dama de las damas! ¿Puedo creer entonces que aquellos templos antiguos, aquellas esculturas clásicas, ninguna pudo retenerla? ¿Ni las sombras de Virgilio y de Dante, ni miríadas de recuerdos, poemas, viejas asociaciones, lograron magnetizarla y retenerla? ¿Sino que los ha dejado a todos —y está aquí?
Sí, si me permite decirlo, yo, mis amigos, si ustedes no, podemos verla claramente,
- La misma alma inmortal de la expresión de la tierra, de la actividad, de la belleza, del heroísmo,
- Salida de sus evoluciones hasta aquí, terminados los estratos de sus antiguos temas,
- Oculta y cubierta por los de hoy, cimiento de los de hoy,
- Terminada, difunta a través del tiempo, su voz junto a la fuente de Castalia,
- Silenciosa la Esfinge de labios partidos en Egipto, silenciosas todas esas tumbas que desafían los siglos,
- Terminadas para siempre las epopeyas de los guerreros con casco de Asia y de Europa, terminada la llamada primitiva de las musas,
- La llamada de Calíope cerrada para siempre, Clío, Melpómene, Talía muertas,
- Terminado el ritmo majestuoso de Una y Oriana, terminada la búsqueda del Santo Grial,
- Jerusalén un puñado de cenizas sopladas por el viento, extinta,
- Las corrientes de tropas nocturnas y sombrías de los Cruzados disipadas con el amanecer,
- Amadís, Tancredo, totalmente idos, Carlomagno, Roldán, Oliveros idos,
- Palmerín, ogro, marchitos, desvanecidas las torres que Usk reflejaba en sus aguas,
- Arturo desvanecido con todos sus caballeros, Merlín y Lanzarote y Galahad, todos idos, disueltos por completo como una exhalación;
¡Pasado! ¡pasado! para nosotros, para siempre pasado, ese mundo antaño tan poderoso, hoy mundo vacío, inanimado, fantasmal,
Mundo bordado, deslumbrante, extranjero, con todas sus leyendas y mitos suntuosos, Sus reyes y castillos orgullosos, sus sacerdotes y señores guerreros y damas cortesanas, Pasado a su bóveda osarios, ataudizado con corona y armadura, Blasonado con la página púrpura de Shakespeare, Y despedido con la dulce y triste rima de Tennyson.
Yo digo que veo, amigos míos, si ustedes no la ven, a la ilustre emigrada, (habiendo tenido en su día, aunque sea la misma, cambiado, viajado considerablemente,)
- Dirigiéndose directamente a esta cita, abriéndose paso con vigor, avanzando a zancadas por entre la confusión,
- Sin dejarse amedrentar por el sordo golpeteo de la maquinaria ni el agudo silbido del vapor,
- Sin achicarse ni un ápice ante tuberías de desagüe, gasómetros, fertilizantes artificiales,
- Sonriente y complacida con el propósito evidente de quedarse,
¡Está aquí, instalada en medio de la batería de cocina!