Las grandes puertas del granero rural están abiertas y listas,
La hierba seca del tiempo de cosecha carga el carro de lento arrastre,
La luz clara juega sobre el marrón gris y verde intermezclados,
Los brazos llenos son empacados hacia el pajar que cede.
Allí estoy, ayudo, vine extendido sobre la carga, sentí sus suaves sacudidas, una pierna reclinada sobre la otra, salto de las vigas transversales y agarro el trébol y el fleo, Y doy volteretas de cabeza y enredo mi cabello lleno de briznas.