Ahora Asia, África me dejan, Europa me arrebata y exalta,
- A órganos enormes y bandas escucho como de vastas concurrencias de voces,
- El fuerte himno de Lutero Ein’ feste Burg ist unser Gott ,
- El Stabat Mater dolorosa de Rossini ,
- O flotando en alguna alta catedral penumbrosa de suntuosos vitrales de colores,
- El apasionado Agnus Dei o Gloria in Excelsis .
¡Compositores! ¡Poderosos maestros! Y vosotros, dulces cantores de viejas tierras, soprani, tenori, bassi! A vosotros un nuevo bardo que entona cantos en Occidente, sumiso os envía su amor.
(Tal condujo a ti, oh alma, Todos los sentidos, visiones y objetos, conducen a ti, Pero ahora me parece que el sonido se impone sobre todos los demás.)
Oigo el canto anual de los niños en la catedral de San Pablo,
O, bajo el alto techo de algún salón colosal, las sinfonías, los oratorios de Beethoven, Haendel o Haydn,
La Creación en olas de divinidad me baña.
Dame a sostener todos los sonidos, (grito con furia forcejeando,)
- Lléname con todas las voces del universo,
- Dotame de sus palpitaciones, también de las de la Naturaleza,
- Las tempestades, aguas, vientos, óperas y cantos, marchas y danzas,
¡Pronuncia, derrama, pues quiero tomarlos todos!