A pie y con el corazón ligero emprendo el camino abierto,
Sano, libre, el mundo ante mí,
El largo sendero marrón ante mí que conduce a donde yo elija.
En adelante no pido buena fortuna, yo mismo soy la buena fortuna,
En adelante ya no gime, no pospone nada, no necesita nada,
Se acabaron las quejas de interior, las bibliotecas, las críticas querulantes,
Fuerte y contento recorro el camino abierto.
La tierra, eso basta, no quiero las constelaciones más cerca, sé que están muy bien donde están, sé que bastan para aquellos a quienes pertenecen.
(Todavía aquí llevo mis viejas y deliciosas cargas, las llevo, hombres y mujeres, las llevo conmigo a dondequiera que voy, juro que me es imposible librarme de ellas, estoy lleno de ellas, y a mi vez las llenaré.)