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IX. Lo que fue de Cunegunda, de Candido, del Gran Inquisidor y del judío

Inmediatamente Cándido ensilló los tres caballos, y Cunegunda, la vieja y él emprendieron treinta millas de un tirón.

Mientras cabalgaban, la Santa Hermandad entró en la casa; mi señor el Inquisidor fue enterrado en una hermosa iglesia, y el cadáver de Issacar fue arrojado a un muladar.

Cándido, Cunegunda y la vieja habían llegado ya al pueblecito de Avacena, en medio de los montes de Sierra Morena, y conversaban de la siguiente manera en una posada pública.

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