En una palabra, señorita Cunegunda, he tenido experiencia, conozco el mundo; por eso os aconsejo que os divirtáis, y que consigáis que cada pasajero cuente su historia; y si hay uno solo entre todos ellos que no haya maldito su vida mil veces, que no se haya considerado a menudo el más desgraciado de los mortales, os doy permiso para tirarme de cabeza al mar”.
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XII. Continuación de las aventuras de la anciana
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