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CAPÍTULO IV. PORT ROYAL Y LOS ÚLTIMOS AÑOS DE PASCAL.

Pudo haber sido crédulo, pudo haber sido supersticioso. El milagro de la Santa Espina puede ser prueba de lo primero, y el ascetismo antinatural de sus últimos años, una prueba de lo segundo. Pero hablar del autor de las Provinciales, de los problemas sobre la cicloide y, por último, de los Pensamientos, como si su intelecto se hubiera resentido a causa de su conversión, es usar palabras carentes de significado. Todos sus escritos más nobles fueron producto de su experiencia religiosa, y jamás remontó el vuelo tan alto en su realización intelectual y literaria como cuando se desplazaba sobre las alas de la indignación espiritual o de la aspiración espiritual.

Todo el interés de la vida de Pascal a partir de este período se concentra en sus escritos: primero las «Provinciales» y luego los «Pensamientos», a los cuales dedicamos capítulos aparte.

Solo medió un intervalo de un año entre su conversión y el inicio de su gran controversia, y poco se sabe de cómo pasó su tiempo durante este lapso. Parece haber permanecido principalmente en Port Royal bajo la guía de M. de Saci, y haber experimentado una medida inusual de felicidad en su triunfo sobre el mundo y en la posesión de sus propios pensamientos tranquilos.

Hemos visto cómo habló de ser tratado «como un príncipe», e incluso su salud pareció mejorar, a pesar de la regularidad y severidad de página 96 sus devociones religiosas. Comunicó sus sentimientos de euforia a su hermana, quien le respondió (el 19 de enero de 1655) que estaba encantada de encontrarlo «alegre en su soledad», como nunca lo había estado por su felicidad en el mundo.

«No obstante —añade—, no sé cómo M. de Saci se adapta a un penitente tan alegre, que profesa encontrar compensación por los vanos goces y diversiones del mundo en alegrías algo más razonables y jeux d'esprit más permisibles, en lugar de expiarlos con lágrimas perpetuas».

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