a la perplejidad humana en el pensamiento y en la vida es Cristo. Él es el «objeto y centro de todas las cosas, en quien únicamente se concilian todas las contradicciones». Esta es la conclusión de su inteligencia, y no de su desesperación.
Cualesquiera que sean los vestigios de escepticismo en su naturaleza intelectual, se le hace una gran injusticia al representar su aceptación del cristianismo como un mero refugio frente