“Cristo es el centro en el que únicamente hallamos a la vez a Dios y a nuestra miseria. En Él únicamente tenemos un Dios a quien debemos acercarnos sin orgullo, y ante el cual podemos, sin embargo, inclinarnos sin desesperación”.
En otro pasaje más extenso reúne las dos ideas de la corrupción humana y la redención divina estrechamente, la una como complementaria de la otra, y enfatiza expresamente —página 198— la perfección con que el cristianismo encaja, por decirlo así, en todas las guardas del enigma humano, en comparación con cualquier sistema de filosofía humana.