ataque grave. Lo único que pudieron decir de ellas, como hicieron más tarde de manera más formal, fue: Les menteurs immortelles. Se dice que de las primeras Cartas se imprimieron 6000 ejemplares; pero, como pasaban fácilmente de mano en mano, esto no da una idea de la cantidad de personas que en realidad las leyeron. Su fama creció con cada entrega sucesiva. Se imprimieron más de 10 000 ejemplares de la décimo séptima Carta; y las ediciones de las primeras se reimprimieron con tanta frecuencia que ya no se puede saber cuáles pertenecían realmente a la primera edición.
Es imposible, y sería inútil, que intentáramos cualquier descripción de toda la serie de Cartas. Hemos creído conveniente extendernos un poco en las dos primeras, porque abordan de manera tan directa la controversia entre los amigos de Pascal y la Sorbona, y porque son realmente, en ciertos aspectos, las más ingeniosas, si no las más valiosas.
La tercera Carta, sobre la «Censura de M. Arnauld», y de nuevo, las tres Cartas finales, 9 están estrechamente relacionadas con las dos primeras. Su objetivo, de un modo u otro, es la defensa de la doctrina jansenista y de los partidarios de Port Royal como sus defensores.
Las doce Cartas intermedias se sostienen por sí mismas. Abren todo el tema de la teología moral de los jesuitas y constituyen el ataque más poderoso que probablemente se haya dirigido jamás contra ella. El tema es uno página 134que, en un volumen como este, solo podemos rozar, y ello con el propósito de resaltar los marcados rasgos literarios del ataque de Pascal, más que de inmiscuirnos en los méritos de la controversia que libró tan implacablemente. Entre tanto, debemos concluir, del modo más breve posible, los aspectos más personales de la controversia.
Entre la fecha de la segunda y la tercera Carta, el proceso ante la Sorbona había concluido, y la censura de M. Arnauld había sido pronunciada. La tercera Carta trata sobre esta censura. El