La famosa conversación con De Saci, cuando este ingresó en Port-Royal, debe tomarse como la clave principal de la actitud filosófica del propio Pascal. No hay en ninguno de los Pensamientos una exposición tan completa de su punto de vista; y todos los editores que mejor han penetrado en el espíritu de Pascal —Sainte-Beuve, Faugère y Havet por igual— han reconocido su importancia. Es realmente, como dice Havet, de la naturaleza de una introducción a los «Pensamientos».
En esta conversación, Pascal señala los que, a su juicio, son los dos grandes sistemas opuestos de la filosofía humana en todos los tiempos: el racional, dogmático o estoico, por un lado; el escéptico o epicúreo, por el otro. Toma a Epicteto como representante del uno; a Montaigne como representante del otro. Al describir el dogmatismo en otras ocasiones, parece tener muy presente a Descartes; pero al hablar de escepticismo y pirronismo (que es su expresión propia), es siempre a Montaigne a quien tiene ante sí. Montaigne es el pirronista par excellence; y sin duda, la página 180de los famosos Ensayos había fascinado enormemente a Pascal, como a muchos otros de su generación. Se sentía atraído constantemente hacia ellos por encarnar una fase —y profunda— de su propia experiencia. Sentía su propio pensamiento expresado en muchas páginas de Montaigne, y profesaba por los Ensayos esa predilección que todo hombre reflexivo siente por el libro que aviva su propia experiencia y se la presenta con claridad. Pero ha dejado, al mismo tiempo, perfectamente inteligibles sus propias diferencias con Montaigne, y ha delimitado con su audacia habitual los confines de su pensamiento. Si Pascal es pirronista, ciertamente no lo es a la manera de Montaigne, por mucho que resuene en su interior gran parte de los tonos de los Ensayos y a veces parezca hacerlos suyos.