Sin duda esto es verdad. En los escritos de los jesuitas se encuentra todo lo que citó Pascal, y aún más, y su propio lenguaje no es demasiado fuerte al calificar mucho de lo que cita como «abominable». A pesar de todo, puede decirse que el efecto de su exposición encierra una cierta injusticia hacia los jesuitas. Los acorrala con una crueldad ventajosa cuando insiste en desarrollar, desde su propio punto de vista o, más aún, a partir de la boca de algunos de sus seguidores demasiado ingenuos, todas las consecuencias prácticas de sus reglas especiales.
El sistema de la casuística no fue únicamente de invención jesuítica. Fue el resultado necesario del principio romano radical de la Confesión. Es más, floreció hasta cierto punto dentro de la propia Iglesia página 143 protestante en el siglo XVII, como lo demuestran los escritos de dos hombres muy diferentes, Jeremy Taylor y Richard Baxter. Una vez que se admite el principio de dirigir la conciencia por una autoridad externa en lugar de interna, se cienta un fundamento sobre el cual se puede edificar cualquier cantidad de necedad, e incluso de crimen. Este era el principio general del jesuitismo como sistema educativo; pero le venía de la Iglesia que Pascal, no menos que los jesuitas, veneraba. Es más, era en su carácter general un principio tan característico de Port Royal como de Loyola y sus seguidores.
Existe la enorme diferencia, sin duda, de que la ética de Port Royal era comparativamente fiel a los principios esenciales de la moral que la naturaleza y el Evangelio enseñan por igual, y de que sus excesos prácticos iban en una dirección muy distinta a la laxitud de los jesuitas. Pero hay que recordar dos cosas, no en favor de los jesuitas, sino como explicación de sus excesos: * 1.º, que su objetivo, como el propio Pascal señala, era gobernar el mundo y no meramente una secta —que toda su concepción de la Iglesia en relación con el mundo era diferente de la de los jansenistas de Port Royal—;