y * 2.º, que su sistema moral no solo se basaba en un principio erróneo y peligroso (en lo cual el de Pascal no le iba a la zaga), sino que había sido desarrollado sin fin en sus escuelas por muchas manos mediocres. Esta fue la gran arma de Pascal contra ellos, y hasta cierto punto fue un arma totalmente legítima, como él mismo reivindicó. Como ninguno de sus libros podía aparecer sin autorización, la Orden era más o menos responsable de todos los principios espantosos expuestos en algunas de
Con todo, no ha de presumirse que semejante sistema de consecuencias morales, o más bien inmorales, page 144deliberadamente fuera diseñado por la Compañía. El propio Pascal los exime de semejante acusación. «Su objetivo —dice—, no es la corrupción de las costumbres; […] sino que creen que es para el bien de la religión gobernar todas las conciencias, y por eso tienen máximas evangélicas o severas para manejar a cierta clase de gente, mientras que para la multitud que prefiere la laxitud, se provee a millares de casuistas laxos». 11
El sistema jesuita de moralidad, en resumen, fue el producto del principio jesuita de acomodación, sumado al principio romano de autoridad externa.
Al considerar la moralidad enteramente desde fuera, como un modo artificial de regular la vida y la sociedad para el bien supremo de la Iglesia, los casuistas jesuitas se vieron arrastrados, bajo las necesidades de tal sistema, de un punto a otro, hasta que toda distinción moral esencial se perdió en las manipulaciones mecánicas de sus escuelas.
Pase lo que pase, ningún hombre ni ninguna mujer debían perderse para la Iglesia; las complejidades del interés y la pasión humanas debían ser atraídas hacia su redil y suavizadas hasta adoptar cierta apariencia decorosa, antes que ser arrojadas fuera de sus límites y convertidas en presas de sus enemigos. 12