Auvergne, sugiere que la familia pudo haber buscado allí, en el aislamiento rural y la reunión doméstica, los medios para apartar por completo a Pascal de sus estudios más arduos y de los compañeros científicos que se los instigaban constantemente en París. Puede ser también que el padre buscara los medios para alejar a Jacqueline de las inmediaciones de Port Royal y de las asociaciones, igualmente estimulantes para ella, vinculadas a ese vecindario.
De la vida de Pascal por entonces en Auvernia no sabemos nada, o casi nada.
Hay, en efecto, un único rastro, del que se ha sacado el máximo provecho, en las Memorias de Fléchier, que describen su estancia en Clermont en 1665 y 1666, pocos años después de la muerte de Pascal. En estas Memorias, Fléchier relata la anécdota de una joven “que era la Safo de la región”, y muy amada por todos los beaux esprits de la época.
Entre otros, “el señor Pascal, que por entonces había adquirido tanta reputación, y otro savant, estaban continuamente con esta belle savante”.
Es difícil saber qué pensar de esta anécdota, tan vaga como picante. Algunos de los admiradores más religiosos de Pascal se han sentido incluso escandalizados por ella, y han intentado demostrar que no podía referirse al autor de los Pensées. M. Cousin y otras personas la han exagerado demasiado. 3
No parece haber razón para dudar de que la anécdota se refiere al joven Pascal; no puede suponerse razonablemente que se refiera a su padre. Tampoco hay motivo alguno para suponer que Pascal página 56fuese menos propenso a interesarse por una demoiselle bella y refinada que cualquier otro joven de su edad. Por el contrario, hay ciertos motivos para pensar que en esta época era particularmente susceptible a los encantos de la compañía femenina.