I. Hay mandamientos divinos que los hombres buenos, aunque dispuestos, son incapaces de obedecer; y también les falta la gracia por la cual estos mandamientos serían posibles. II. Ninguna persona, en el estado de naturaleza caída, es capaz de resistir la gracia interna. III. Para que las acciones humanas sean meritorias o de otro modo, no se requiere la libertad de necesidad, sino solamente la libertad de coacción. IV. Los semipelagianos, al admitir la necesidad de la gracia preveniente —o gracia que precede a todas las acciones—, eran heréticos, en la medida en que decían que dicha gracia era tal que el hombre podía, según su voluntad, resistirla u obedecerla. V. Los semipelagianos también erraron al decir que Cristo murió o derramó su sangre por todos los hombres universalmente.
page 113Sería innecesario que nos detuviéramos en estas proposiciones, ni siquiera a modo de explicación. Hemos procurado exponerlas a partir del latín original con la mayor claridad posible, de modo que cobren un significado preciso incluso para el lector no teólogo. Pero su mero enunciado está plagado de controversias, y en su lenguaje se ocultan los significados semiextintos de viejas cuestiones que van a la raíz del pensamiento cristiano. Todas las proposiciones fueron condenadas sin reservas, pero dos puntos quedaron sin resolver. No se afirmó que las proposiciones se encontraran en el «Augustinus», ni que fueran condenadas en el sentido en que Jansenio las sostenía, y en ningún otro. El curso de la controversia y el destino final de Port Royal dependieron principalmente de estos puntos.
La bula papal que condenaba las cinco proposiciones fue publicada rápidamente en Francia, y el