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VI

de la señora Bailey asiendo firmemente su borde. Ella lo tomó para pasarlo. Todo se precipitaba.⁠ … Eso es tuyo, hija, dijo la señora Bailey. El murmullo bajo se oyó en torno a la mesa silenciosa. Afirmando su independencia con una formalidad huraña, Miriam le dio las gracias y buscó condimentos con la mirada sin levantar los ojos hacia el alcance de esos otros ojos, que ahora tomaban fotografías ya que se veía obligada a hacer movimientos. La señora Bailey colocó un Aliño cerca de su plato. Tuyo, cavilaba alejándose con enojo hacia sus pensamientos. La señora Bailey no podía saber que se podía decir que era más correcto que tullo. Era una afectación. Lo había cogido en alguna parte de boca de una de esas personas que dicen cuidadosamente a-menudo en vez de amenudo y le daba satisfacción usarlo, unido a modo de reprimenda al condescendiente patrocinio maternal del que se había jactado ante toda la mesa. El primero de los platos de Émile apareció sobre su hombro izquierdo y vio, al volverse desprevenida, cabezas erguidas vueltas hacia su extremo de la mesa. Sirvió sus verduras rápida y torpemente de las fuentes. En sus torpes movimientos y en su cara en alto y desprotegida sintió, y sintió que todos los observadores veían, las marcas de su desgracia. La veían pareciéndose a Eve sirviéndose verduras nerviosamente en el horrible, pedregoso, frío y oscuro restaurante del hostal. Veían que le sentaba mal la familiaridad pública de la señora Bailey y que no podía hacer nada. Intentó poner cara de aburrimiento y murmuró gracias cuando hubo cogido su tercera verdura. Sonó como una proclamación en medio del intenso silencio y se volvió enfadada hacia su plato intentando recordar si había oído a alguien más darle las gracias a Émile por las verduras.⁠ … Después de todo, ella estaba pagando la comida y su educación con Émile era cosa suya. En el extranjero la gente hacía reverencias o se quitaba el sombrero al entrar y salir de las tiendas y decía monsieur a los policías. Sus esfuerzos por comer distraídamente y parecer sumida en pensamientos la hacían sentirse cada vez más como una pariente pobre. Los detalles de su encuentro con Eve

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