profesando intereses y opiniones y hablando como habla la gente, mientras ellos la observaban con ojos que no veían más que un intento lastimoso de ocultar un destino espantoso, la pobreza solitaria, la ausencia de cualquier perspectiva abierta, nada por delante sino una penumbra que se hacía más profunda a medida que los años se iban sumando. Esos eran los hechos —tal como casi cualquiera podría verlos. Hacían que esos hechos cobrasen vida; tiraban de la maraña de sentimientos que tenían el poder de conducir a uno de regreso a través de cualquier pequeña abertura aplastante y mutiladora. …
Entre ellos vivía el pasado y aquello que le había puesto fin y lo había sumido en una oscuridad que aún contenía la amenaza de destruir la razón y la vida.
Tal vez solo así se le podía hacer frente.
Tal vez solo de esa manera.
¿Qué otra manera había?
El olvido lo borraba todo y dejaba seguir viviendo. Pero siempre estaba ahí, imposible, al mirar atrás. …