verdad. Y la primera, la del patinaje. Se imaginó la frente blanca bajo un gorro de piel y la figura cuadrada, baja, fuerte y bien proporcionada oscilando con fuerza de un lado a otro, una y otra vez, con una victoria irónica.
Sissie leyó su serie de frases con pesada docilidad. Su voluntad y la voz informe e incolora que murmuraba desde el fondo de su garganta se entregaban a la lección; pero su perfil bondadoso y huraño ardía tenuemente en un sopor. Miriam meditaba a sus anchas, contrastando las dos voces mientras iban depositando, una tras otra, las pequeñas y banales oraciones en el aire vacío. Que Sissie hablara su francés con el peor estilo inglés no importaba realmente. ¿Pero por qué era así? ¿Qué significaba? Todas tenían algo en común: todas las personas que hablaban francés de ese modo …
un joven esbelto se deslizó silenciosamente en la habitación y comenzó a quitar el polvo del aparador con diligencia. Llevaba una chaqueta de algodón a rayas. La señora Bailey había contratado a un criado. … Era imposible. No se le podria mantener. Era como una obra de teatro. Era como un personaje de farsa, entrando a toda prisa y sacudiendo cosas de aquí para allá. Era una obra de teatro; teatro amateur, la señora Bailey correteando radiante, haciendo de directora de escena. Era fingir que las cosas eran distintas cuando no lo eran; romper la atmósfera de la casa. ¿De dónde sacaba esas ideas? …
Volviendo a su vigilancia, escuchó con atención. —Espera un momento —dijo—, vamos a empezar de nuevo. Veo exactamente lo que es. No hay ninguna dificultad. Puedes aprender todo sobre la pronunciación en unos minutos. Sissie se había sobresaltado. Controlándose, apartó la atención del libro el tiempo suficiente para dedicarle a Miriam una sonrisa rápida y comprensiva.