“Está loca. Le encanta estar loca. Como ‘tembló el sol. La Tierra desde sus más oscuros sótanos se estremeció y vibró’”.
“Oh ve —dije— y mira los cisnes tocando el arpa sobre los tejados en el maíz.
Dónde está el sombrero gris de fieltro que vi alejarse, arrugado y viejo para encontrar la hoja de lirio, dónde dónde mi hijo el pequeño bastón que aplastó la manzana silvestre efervescente del abismo dónde dónde la pera.
Gruñendo exclamó no toleraré que bendigas los trópicos sentado en una fila hosca ni que arrojes tus banderas sobre la ola majestuosa; escuché menestresías estridentes… todo eso es terriblemente malo; pero puedes seguir eternamente”.
“No podría. No sé cómo lo haces. Me parece horriblemente ingenioso. Jan y yo nos morimos de risa con tu carta de Madeleine Francis Barry”.
“Puedes seguir durante días.”
“Barryparodiando.”
“No debes esperar, ni pensar en las palabras. Si tienes la disposición de ánimo, llegan más rápido de lo que podrías hablar o siquiera pensar; las sigues y todo el efecto te divierte. Hay algo en ello. Nunca sabes lo que viene y te tambaleas, mientras mantengas el ritmo, por todo el mundo. Te refresca. A veces hay cosas bellísimas. Y ves todas las cosas con tanta viveza”.
“No es macabra; está loca”.
«No soy ni morbosa ni estoy loca. Es una forma espléndida de divertirse; mejor que imaginarse que las sillas que tienes delante en un concierto se desploman