Deja que las palabras resuenen en tu cabeza, en la nariz y contra la frente. Sissie se reclinó sonriendo y se quedó observando el rostro de Miriam. Somos nosotros los que hablamos por la nariz. Y por la boca. En ráfagas, whoof, whoof, desde el pecho, puro sonido y nada de articulación. Los ojos de Sissie recorrían con fijeza el rostro de Miriam. Detienen el aliento en los labios y en la nariz. Bong. Eso es a través de la nariz. ¡Bon! ¿Oyes?; como una pequeña explosión. Mantén los labios apretados antes de la b y explota la palabra hacia la nariz cerrando parcialmente la parte posterior de la garganta y la boca. Todo es así y la pronunciación no varía. Cuando conoces las pocas reglas, consigues que las vocales sean puras y explotas las consonantes, eso es todo. Sissie esperó, conteniendo una sonrisa de disculpa. No había percibido nada más que el estallido violento y se reía en secreto con la idea de las explosiones.…
—Di matin, sugirió Miriam con paciencia. —Mattong, murmuró Sissie. —Di mattah, insistió Miriam. El joven entró haciendo equilibrios con la caja de carbón. —Así se hace. Ahora intenta forzar la ah hacia la nariz y cerrar la nariz sobre ella. —Es hora de poner la mesa, Emyou —declaró Sissie en tono de reproche hacia la alfombra de la chimenea. —¿Pliz? —El joven alzó una cabeza apacible, de claros cabellos ensortijados, por encima del borde de la mesa. —Pon la mesa, tarb, paw dinnay —espetó Sissie. —Tendré que irme, señorita Henderson —añadió, levantándose con suavidad y dirigiéndose con paso torpe hacia la puerta. El joven salió de la habitación murmurando a toda prisa. Parecieron chocar en el recibidor.
Miriam se encontró en medio de una corriente de pensamiento que la había distraído durante su trabajo de la mañana. Cosmopolis, garabateó en su cuaderno. El mundo de la ciencia y el arte es la verdadera cosmopolis. Esas no eran las palabras de «Cosmopolis», pero era la idea. Tal vez nadie lo hubiera