libros siguen y siguen… él ha inventado la imaginación. Imágenes. Tejido. Pero no inventó peligroso. Eso es insolencia. Por este pecado cayeron los ángeles. Tal vez sea un ángel caído. Tenía razón cuando le dije a Eva que le había vendido mi alma al diablo.… “Bastante buena postemporada” y luego girando vivamente para capturar y replantear algún hilo… y luego, más tarde, descubriendo que uno sigue mirando. “M’sí; un fino… fuliginoso… rosa… Dios ha tomado un helado de fresa para cenar”… objeciones interminables e inagotables… un mundo frío, sombrío y científico… Alma lo sabía. En aquella casa clara y brillante con el mobiliario satisfactorio… ahora hagamos todos Budas. A ver quién hace el mejor Buda. Apartada de ellos podías olvidarte; pero seguía ocurriendo todo el tiempo… de algún modo por delante de todo lo demás que estaba ocurriendo. Se levantó y volvió a colocar el libro. Estaba en su estante; un ejemplar firmado; extraordinario. Era un privilegio extraordinario. Nadie más podía escribir libros así; nadie más sabía tanto de todo. Con razón o sin ella, era imposible dejar de escuchar todo lo que él tenía que decir… y eran amables, atentos a la vida de uno de un modo en que los demás no lo eran.
Se encaminó hacia la ventana, hallando renovación en el familiar crujido de su suelo en la casa, aquí. … Volvió a cruzar sobre el feliz crujido, apagó el gas y regresó a la ventana. El cielo estaba lo suficientemente oscuro como para mostrar una estrella brillante; aquí y allá, en la oscuridad de las fachadas de enfrente, había un rectángulo de luz dorada. La tenue luz azul que ascendía desde la calle iluminaba los bordes exteriores de los alféizares de piedra gris. El aire bajo el techo de madera del hueco de la ventana era casi tan viciado como el que se respiraba bajo la inmensa altura de la frescura superior. … Allá al fondo de la calle se veían los árboles verdes iluminados por las farolas; sombras de plátanos sobre la acera estrecha. Se puso el sombrero en la oscuridad.
Al cruzar la calzada para alcanzar la estrecha franja de acera que discurría bajo los árboles, vio solitarias figuras oscuras apostadas a intervalos contra el brillante verdor iluminado por las farolas, y se apartó de nuevo hacia la