de lo que era, para refugiarse de nuevo en las cosas que ella no veía. … Ya lo habían hecho. Él lo había hecho; era evidente. O no habría podido hablar de él. Si puedes hablar de algo, ya es cosa del pasado … Hablar hace que cobre una vida que no le pertenece.—Hay mucho más que contarte—dijo Grace apretándole la mano.
Miriam se apartó del fuego; Grace tenía el mismo aspecto que cuando empezó su relato. Miriam se reclinó en su silla escrutando su rostro y su figura, intentando hallar y expresar el secreto de su indomable convicción.
Tal como era, ¿por qué no podía bastarse a sí misma? Acorralada en la incertidumbre, parecía menos que ella misma. Su ropa esmerada y pulcra, tan exquisitamente cuidada, la delicada cadena de oro viejo, la pequeña cruz perlada, los viejos, finos y delicados anillos, los siglos de nebuloso eclesiasticismo en su cabeza y en su rostro, la mirada de espera que se asoma desde días enmarcados en piedra gris hacia un esplendor enjoyado, se empequeñecían y acotan con su incertidumbre.
Era insoportable que carecieran de significado... Grace estaba dispuesta a llevarse todo lo que poseía a un mundo donde no tendría significado; dispuesta a desaparecer y ser transformada. Ya estaba cambiada. No podía retroceder y no había adónde avanzar.