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II

Justo en frente de ella sonó en el aire un único y nítido toque de advertencia, rozando lo más vivo de su mente.⁠ ⁠… El reloj de St. Pancras⁠—dando las horas chimenea abajo.⁠ ⁠… Corrió hacia la oscura celosía y la abrió de par en par. En el aire flotaba el eco de la primera y profunda campanada de Westminster. St. Pancras y los relojes más cercanos se iban desgranando a la zaga de aquella. Habrían terminado mucho antes de que Big Ben llegara al final. ¿Cuál era la medianoche? Que fuera St. Pancras. Contó velozmente hacia atrás; cuatro golpes.⁠ ⁠… Allá afuera, en la oscuridad, el mundo oscuro se alejaba de la oscuridad. Dentro de los espacios de la noche, la superficie de un paisaje iluminado por el día brilló por un instante, ladeada a lo largo del cielo.⁠ ⁠…

Pequeños sonidos subían débilmente desde la calle oscura, chasquidos, voces y el chirrido de puertas al abrirse. Las ventanas se abrían de par en par a lo largo de toda la calle. El año nuevo se convirtió en un suave aliento bañado por la luna que se filtraba sigiloso en la oscuridad, rebosando sobre los rostros en las puertas y ventanas, rozándoles la frente con dedos de aurora, deslizando unos dedos frescos, reconfortantes y sanadores entre sus cabellos.⁠ ⁠ … Once⁠ ⁠ … doce.⁠ ⁠ … Sobre la precipitada escala de las campanas de St. Pancras resonó un estruendo terrible. Timbres de bicicleta, silbidos de taxis, campanillas de comercios, el golpear de bandejas de té y gongs.⁠ ⁠

Naturalmente... Año Nuevo... debe de ser una costumbre de Bloomsbury. Había tenido su parte en un Año Nuevo en Bloomsbury. Bastante alegre... alborotado; pero alegre a su manera...

Podía oír a los Bailey riendo y hablando en el umbral de su puerta. Una voz extranjera, suave y firme, lanzó un fragmento breve y bien modulado de canción. Miriam observó su contorno. Se repitió en su mente con la voz y la personalidad extranjeras del cantante. Se retirá hacia el interior de su habitación.

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