El arco tenía pequeños senderos laterales para peatones techados por pequeñas extensiones abovedadas del arco central… caucho vulcanizado… pavimento para amortiguar… el edificio era un hotel; el Edwards daylight Family Hotel… gente adinerada hospedándose justo encima del arco, de viaje, llegando a Londres, marchándose de Londres, sin pensar en el oscuro y secreto vecindario.
Un patio se abría más allá del arco. Ni siquiera era aún la estación. Había un camino justo enfrente que iba a la derecha y a la izquierda, con faroles; justo delante, a la izquierda, cruzando la calle, un edificio iluminado con una ventana inferior esmerilada y un reloj… una oficina de correos. Miriam cruzó la puerta de vaivén hacia la cálida luz amarilla del gas. En el largo mostrador la gente estaba de pie, ocupada en sus asuntos o esperando su turno, dándole la espalda al polvoriento espacio del suelo, sin reparar en el gris espacio de suelo polvoriento ni en el curioso y cálido brillo de la