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IX

sonriente de la señora Hurd parpadeó con una tristeza rápidamente sofocada. Habían venido desde Canadá para compartir su triunfo y estaban allí suavizando su derrota... viejos canadienses. Una mujer canadiense... ese movimiento circular de la mandíbula lo producían las vocales canadienses. Alteraban la boca pequeña de una mujer más que la de un hombre. Debía de afectar a sus pensamientos, la boca mantenida abierta; ventilándolos; volviéndolos circulares, simétricamente equilibrados, más fáciles de continuar que el discurso inglés de boca más estrecha. ... El señor Gunner, sentado junto a su hijo, es violinista. ... Ah. Esperamos escucharle. El señor Gunner, pequeño y con una sonrisa tímida; a su lado, una mujer enorme con una gran cara de colegiala, pelo rubio, lacio y de colegiala levantado en una onda chata desde su amplia frente hasta formar un pico iracundo, comiendo con enojo mediante brazos fornidos y de rápidos movimientos que salían de mangas cortas con volantes de encaje crema barato, forzados a regañadientes a desplomarse contra los fornidos brazos. Marido apuesto y cetrino, de tez oliva, furioso, sabelotodo, tipo bilioso, amiguero y resabiado, ignorancia llana sobre la cima de su cráneo negro, brillante, redondo e inconsciente, ambos arrebatando migajas de las bromas de Scott, Sissie y Gunner, intentando abrirse paso con una sonrisa para ocultar su furia mutua. Demasiado pobres para alejarse más el uno del otro, acostumbrados a la vida en pensión, comiendo rápidamente y buscando más. Ella tenía varios hermanos; un labio superior corto y aristocrático y unas fosas nasales bien formadas y despectivas, hermanos en el servicio diplomático o en el ejército. Había alguien a este lado de la mesa a quien reconocían como diferente y estaban observando; un hombre alto más allá de la señora Barrow, una extraña y bella voz con inflexiones errantes y protestantes; hablando hacia el mundo, con inflexiones errantes, pulidas y experimentadas, como un guijarro cansado y desgastado por el mar, avanzando sin cesar, presentando las mismas curvas desgastadas y errantes dondequiera que estuviera, siempre un extraño en todas partes, presentando siempre de nuevo las extrañas

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