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IV. The Music

ocupado y seguro que presentaban sus personas cuando no se les veían los rostros ávidos; un aspecto que las hacía parecer como si marcharan muy deprisa en alguna dirección que las satisfacía por completo, de modo que, si de repente estallara un incendio a sus espaldas, no lo considerarían una aventura que cabía esperar, sino una molesta interrupción, como tropezar con una piedra.⁠ ⁠…

Podía ver que, cuando leía los sonetos, olvidaba lo culto que era. La pequeña conferencia había tenido su propio encanto. Pero era una conferencia; algo contado por un especialista a un público.

Esta era la voz de Dante, y todos escuchaban como buenamente podían; el conferenciante también. Todo su saber quedaba a un lado y él escuchaba a medida que leía.

Se quedó escuchando, con su mente atónita reprochándose aún por no haber descubierto por sí misma que estaba mal tener una libreta de ahorros en correos y que las apuestas, el juego y las loterías eran malos porque no producían nada.

Por un momento exploró con el reflector de la nueva definición de vicio⁠ ⁠… el dinero no puede producir dinero⁠ ⁠… entonces todo comercio estaba mal de algún modo⁠ ⁠… disipación de valor sin producción⁠ ⁠… había algún principio que toda la civilización estaba quebrantando⁠ ⁠… ¿cómo sabía este hombre que estaba mal imaginar afecto si no había afecto en tu vida, que soñar despierta y cavilar era una especie de vileza⁠ ⁠… el amor era real y práctico, movía todas las esferas e iluminaba la mente?

Eso era verdad. Esa era la verdad sobre todas las cosas. Pero ¿quién podía alcanzarla? Dante lo sabía porque amaba a Beatriz. ¿Cómo podía la humanidad volverse más afectuosa? ¿Cómo podía la vida social llegar a fundarse en el amor? ¿Cómo puedo volverme más afectuosa? No conozco ni amo a nadie más que a mí misma⁠ ⁠… no significaba ser amada. No tenía nada que ver con el matrimonio. Dante solo vio a Beatriz.

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