Hay, madame that is all, rió con burla en un tono rico, cantarín y oscilante hacia el centro de la alfombra del hogar— patino de un extremo a otro de su canal, más rápido que todos ellos. Gano su premio. Je m’en fiche —
Patinaste por todo el canal.—
Ieeea skate their can al .
That was Amsterdam.
I do many things there.
- I edit their newspaper.
- I conduct a café.
Mts. Usted ha corrido algunas aventuras—
¡Eso no fueron aventuras en Ámsterdam, mon dieu! Se balanceaba repiqueteando de un pie a otro al compás de sus gritos. ¿Había vencido de verdad a aquellos patinadores maravillosos? Quizá no los hubiera vencido.
Ella le miró la frente: serena, firme, de un blanco muerto bajo el cabello negro, suave y de rizos marcados. Tal vez fuera holandés; y por eso tenía un aspecto corriente y a la vez refinado.
A las diez se mandó a la cama a la más pequeña de las muchachas. Miriam se vio a sí misma con desprecio perder la oportunidad de marcharse. Se quedó sentada, fascinada, resentida por la interrupción; robando con envidia la alegre y desbordante amabilidad que despojó a la marcha de toda humillación y envió a la muchacha a contar con el día de mañana. Él se desvió de su camino para hacer feliz a Polly Bailey… y se quedó sentado junto al fuego moribundo, sin cansancio, tarareando para sus