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III. Miriam

Hay, madame that is all, rió con burla en un tono rico, cantarín y oscilante hacia el centro de la alfombra del hogar⁠— patino de un extremo a otro de su canal, más rápido que todos ellos. Gano su premio. Je m’en fiche ⁠—

Patinaste por todo el canal.⁠—

Ieeea skate their can al .

That was Amsterdam.

I do many things there.

  • I edit their newspaper.
  • I conduct a café.

Mts. Usted ha corrido algunas aventuras⁠—

¡Eso no fueron aventuras en Ámsterdam, mon dieu! Se balanceaba repiqueteando de un pie a otro al compás de sus gritos. ¿Había vencido de verdad a aquellos patinadores maravillosos? Quizá no los hubiera vencido.

Ella le miró la frente: serena, firme, de un blanco muerto bajo el cabello negro, suave y de rizos marcados. Tal vez fuera holandés; y por eso tenía un aspecto corriente y a la vez refinado.

A las diez se mandó a la cama a la más pequeña de las muchachas. Miriam se vio a sí misma con desprecio perder la oportunidad de marcharse. Se quedó sentada, fascinada, resentida por la interrupción; robando con envidia la alegre y desbordante amabilidad que despojó a la marcha de toda humillación y envió a la muchacha a contar con el día de mañana. Él se desvió de su camino para hacer feliz a Polly Bailey… y se quedó sentado junto al fuego moribundo, sin cansancio, tarareando para sus

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