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VI

El rostro bajo el sombrero gris se volvió lentamente hacia ella. Ella hizo una reverencia y miró a unos ojos hundidos en la delgada máscara del rostro. Sus ojos trasladaron una pregunta de los ojos inexpresivos al rostro inmóvil e inexpresivo.

¿Cómo podía ser compositor, teniendo un aspecto tan… evanescente? Strelinsky… Morceau pour piano… tenía que ser él quien estaba ahí de pie; ¿escribió usted esto?, dijo ella abruptamente y tarareó el principio. Sonó informe y desprovisto de tono, pero había una pequeña melodía justo a continuación. Se detuvo antes de alcanzarla, sin estar segura de que él estuviera prestando atención; el mundo estalló en risas; su rostro se volvió lentamente y dejó de mirar hacia abajo por encima de ella, con los ojos fijos en una repetición mortecina de la risa en la que ella se estaba ahogando.

Él estaba de pie en el espacio con un abrigo y un sombrero descoloridos, una figura incolora revestida por la debilidad de ella de una dignidad y una sabiduría vivaces… agrupadas inaccesiblemente más allá del vasto espacio había mesas macizas repletas de jueces; figuras oscuras juzgaban a la luz ámbar bajo la galería donde se alzaban las palmeras; ella se estaba ahogando sola, rodeada por un círculo distante de palmeras.

Eleven. We must go miss stated Mr. Mendizabal cordially.

Miriam rose. The tide of café life flowed all round her. She wandered blissfully out through the misty smoke-wreathed golden light, threading her way amongst the tables towards the black and gold of the streets.

Far away behind her, staying in the evening, Strelinsky blocked the view, moving, fixed avertedly, with eyes in his shoulders along an endless narrowing distance of café.

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