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I

desde que llegó al umbral regresaba fresco y continuaba en el día de hoy, desbordando la incomodidad de los paquetes. No había nada que decir; ninguna palabra que pudiera expresarlo; una melodía.⁠ ⁠… Esa es La rama de muérdago⁠ ⁠… dijo reflexivamente. Florrie estaba sentada muy erguida justo enfrente, masticando tranquilamente, con el cuchillo y el tenedor quietos en el plato. Las manitas y la boca de Grace trabajaban con gravedad. Empezó rápidamente a comer lo suyo, escuchando la melodía con rostro inteligente. Si Florrie le retiraba su atención, podría dejar su mente en blanco y recuperar la melodía. Imposible seguir adelante hasta que la hubiera recordado. Buscó algún comentario que sirviera de distracción. Grace habló. Florrie se volvió hacia ella. Miriam irradiaba asentimiento y sorbía su café caliente. Su fuerte aroma recorría sus sentidos. Se rio amigablemente. Alguien más se rio.⁠—Claro que no lo hacen⁠—dijo Florrie con su voz más estridente y se rio. Dos voces estallaron al unísono. Miriam escuchó los tonos, reflejando inteligencia en consecuencia, haciendo de árbitro en la disputa, con la mente divagando dichosamente por ahí. Al poco hubo silencio. La señora Philps se había puesto a la defensiva y había soltado algo categórico. Miriam releyó el comentario con culpa. No se le ocurría nada que pudiera añadirse a continuación con visos de sinceridad y se sentía grande y llamativa. El rostro de la señora Philps se había vuelto oscuro y viejo. Miriam miró con inquietud su significado.⁠ ⁠… Grandes y terribles enfermedades, el médico viniendo, problemas entre familias, alguien sentado y paralizado; pobreza, todo siendo diferente.⁠ ⁠… —Te gustan las Navidades con nieve, Miriam?⁠—preguntó Florrie tímidamente. Miriam miró al otro lado. Se veía muy joven, una niña hablando por condescendencia, diciendo lo primero que se le ocurre no sea que alguien comente que ya es hora de irse a la cama. Respuestas hilarantes acudieron a la mente de Miriam. Habrían reavivado las risas y la conversación, pero habría habido resentimiento en la figura viuda a la cabecera de la mesa, la figura que había entrado con altiva dignidad en el gran comercio del norte de Londres y había elegido la blusa. El

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