Pero era un cosmopolita, y negaba que existiera cosmópolis alguna, simpatía alguna entre las razas, ni siquiera entre los individuos. Era un pesimista. Con todo su encanto y su entusiasmo, no creía en nada ni en nadie. Y hablaba por experiencia. Tal vez era solo en el pensamiento, no en la vida, donde estas cosas existían. La gente hablaba de la cosmópolis porque quería creer en ella. ¿Había dicho eso él?
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III. Miriam
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