—¿Hubo jamás hombre, hermano Toby —exclamó mi padre, incorporándose sobre el codo y volviéndose hacia el lado opuesto de la cama, donde mi tío Toby estaba sentado en su viejo sillón con flecos, con la barbilla apoyada en su muleta—, hubo jamás un pobre hombre desdichado, hermano Toby —exclamó mi padre—, que recibiera tantos azotes? —El mayor que jamás vi propinar —dijo mi tío Toby (tirando de la campanilla a la cabecera de la cama para llamar a Trim)— fue a un granadero, creo que del regimiento de Mackay.
⸻Si mi tío Toby le hubiera metido una bala en el corazón a mi padre, este no se habría desplomado sobre la colcha con la nariz por delante de manera más repentina.
¡Dios me ampare! —dijo mi tío Toby.