En todo el catálogo de esas contrariedades volanderas que cruzan hinchando las velas de un hombre, no hay una de naturaleza más irritante y atormentadora que esta en particular que voy a describir—y para la cual (a no ser que viajéis con un avance-courier, como hacen muchos para evitarlo)—no hay remedio: y es la siguiente.
Que estés en la mejor disposición del mundo para dormir—aunque vayas tal vez atravesando el país más hermoso—por los mejores caminos y en el carruaje más cómodo para hacerlo que hay en el mundo—es más, estuvieras seguro de que podías dormir cincuenta millas del tirón, sin abrir los ojos ni una sola vez—es más, lo que es aún mejor, estuvieras tan demostrativamente convencido como puedes estarlo de cualquier verdad de Euclides, de que te iría en todos los sentidos tanto o más a dormir como despierto—es más, tal vez mejor—Sin embargo, los incesantes regresos para pagar los caballos en cada posta,—junto con la consiguiente necesidad de meter la mano en el bolsillo y sacar de allí tres libras y quince sueldos (sueldo a sueldo), dan al traste con gran parte del plan, de modo que no puedes ejecutar más de seis millas de él (o supongamos que es posta y media, que son solo nueve)—aunque fuera para salvar tu alma de la condenación.
—Se las devolveré —dije—, pues pondré la suma exacta en un papel y la llevaré bien asida en la mano durante todo el camino: «Ahora no tendré otra cosa que hacer —dije (disponiéndome a descansar)— que soltar esto con suavidad en el sombrero del postillón, sin decir una sola palabra».⸺Luego faltan otros dos sueldos para beber⸺o hay una pieza de doce sueldos de Luis XIV que no pasa— o una libra y unos cuantos liards por devolver de la posta anterior, que Monsieur había olvidado; altercados que (como uno no puede discutir muy bien dormido) lo despiertan a uno: aún se puede recuperar el dulce sueño; y aún la carne podría pesar más que el espíritu y reponerse de estos golpes— pero entonces, ¡por el cielo! solo has pagado una posta— cuando es posta y media; y esto te obliga a sacar tu guía de postas, cuya letra es tan diminuta que te obliga a abrir los ojos, quieras o no: entonces Monsieur le Curé te ofrece un pellizco de tabaco⸺o un pobre soldado te enseña la pierna⸺o un tonsurado su cajita⸺o la sacerdotisa de la cisterna mojará tus ruedas⸺no lo necesitan—, pero ella jura por su sacerdocio (echándose hacia atrás) que sí:⸺entonces tienes todos estos puntos que discutir o meditar; al hacerlo, las facultades racionales se despiertan por completo— y ya te las apañarás para volver a dormirlas como puedas.
Se debió enteramente a una de estas desgracias, o habría pasado de largo junto a las caballerizas de Chantilly ⸺
⸺Mas el postillón afirmando primero, y tercióndose en ello en mis propias narces, de que no había marca alguna en la pieza de dos sous, abrí los ojos para convencerme—y viendo la marca en ella tan clara como mi nariz—salté del carruaje hecho una furia, y así vi todo Chantilly por despecho.⸺Lo probé solo por tres postas y media, pero creo que es el mejor principio del mundo para viajar con rapidez; pues como muy pocos objetos se ven muy tentadores en ese estado de ánimo—uno tiene poco o nada que lo detenga; razón por la cual pasé por Saint-Denis, sin volver la cabeza ni siquiera de lado hacia la abadía⸺
⸺¡Riqueza de su tesoro! ¡pamplinas y patrañas!⸺a excepción de sus joyas, que son todas falsas, no daría tres sous por ninguna sola cosa que hay en él, salvo por la linterna de Jaidas⸺ni por esa tampoco, a no ser porque, al oscurecer, podría serme útil.