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nydus/The Life and Opinions of Tristram Shandy, GentlemanPublic
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XXVII

El cabo se había escurrido unos diez minutos antes que mi tío Toby, para arreglar su aparato y darle al enemigo un par de disparos antes de que llegara mi tío Toby.

Había colocado las seis piezas de campaña con este fin, todas muy juntas frente a la garita de mi tío Toby, dejando solo un intervalo de una yarda y media más o menos entre las tres, a la derecha y a la izquierda, para la comodidad de la carga, etc., —y por el atractivo posible de dos baterías, en las que tal vez viera el doble de honor que en una.

En la parte posterior y frente a esta abertura, dando la espalda a la puerta de la garita, por temor a ser flanqueado, había tomado el cabo sabiamente su puesto:⁠—Sostenía la pipa de marfil, perteneciente a la batería de la derecha, entre el dedo índice y el pulgar de su mano derecha,⁠—y la pipa de ébanos con boquilla de plata, que pertenecía a la batería de la izquierda, entre el dedo y el pulgar de la otra⁠—y con la rodilla derecha firmemente clavada en el suelo, como en la primera fila de su pelotón, se hallaba el cabo con su gorro montera sobre la cabeza, disparando furiosamente sus dos baterías cruzadas al mismo tiempo contra la contraguardia, que daba frente al contraescarpe, donde iba a realizarse el ataque aquella mañana. Su primera intención, como dije, no era más que dar al enemigo una o dos bocanadas;⁠—pero el placer de las bocanadas, así como el del boqueo, se había apoderado insensiblemente del cabo, arrastrándole de bocanada en bocanada, hasta el clímax mismo del ataque, para cuando mi tío Toby se le unió.

Bien fue por mi padre, que mi tío Toby no tuviera que hacer testamento aquel día.

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