Como comprendí que el comisario de correos iba a cobrar sus seis libras y cuatro sueldos, no me quedó más remedio que decir alguna gracia oportuna con motivo de aquello, que valiera el dinero:
Y así partí de este modo:⸺
⸺Y dígame, señor comisario, ¿por qué ley de cortesía debe tratarse a un extranjero indefenso justamente al revés de como tratan a un francés en este asunto?
De ningún modo; dijo él.
—Perdone usted —le dije—, pues ha empezado por arrancarme los calzones, y ahora quiere usted mi bolsillo⸺
Por cuanto—de haberme hurtado primero el bolsillo, como hacéis con los vuestros—y de haberme dejado luego en pelotas un⸺te después—, una bestia habría sido de haberme quejado⸺
Tal cual⸺
⸺Va en contra de la ley de la naturaleza.
⸺Es contrario a la razón.
⸺Es contrario al evangelio.
Pero a este no—dijo, poniéndome un papel impreso en la mano,
Par le Roy .
⸺⸺Es un prólogo sustancioso, dije yo, y así seguí leyendo⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻
⸺De todo lo cual resulta, dije yo, habiéndolo leído con demasiada rapidez, que si un hombre sale de París en una silla de posta, tiene que seguir viajando en ella todos los días de su vida, o pagarla.—Discúlpeme, dijo el comisario, el espíritu de la ordenanza es este: que si usted emprende el viaje con la intención de ir por posta de París a Aviñón, etc., no podrá cambiar esa intención o modo de viajar, sin antes indemnizar a los fermiers por dos postas más allá del lugar donde se arrepienta; y está fundada, continuó él, en que los ingresos no deben mermar a causa de su inconstancia⸺
⸺¡Oh, por los cielos! —exclamé—, si la inconstancia pagara impuestos en Francia—, no nos queda otra que hacer las paces con vosotros lo mejor que podamos⸺
Y así se hizo la paz ;
⸺Y si es una mala obra—como Tristram Shandy puso los cimientos de ella—, nadie sino Tristram Shandy debería ser ahorcado.