Cuando mi padre hubo hecho bailar a su oso blanco hacia adelante y hacia atrás a lo largo de media docena de páginas, cerró el libro para siempre jamás,—y en un acceso de triunfo se lo devolvió a Trim, con un gesto para que lo pusiera sobre el ’scrutoire, donde lo había encontrado.⸺Tristram,—dijo,—será obligado a conjugar cada palabra del diccionario, hacia adelante y hacia atrás de la misma manera;—cada palabra, Yorick, por este medio, como ves, se convierte en una tesis o en una hipótesis;—cada tesis e hipótesis tiene una progenie de proposiciones;—y cada proposición tiene sus propias consecuencias y conclusiones; cada una de las cuales conduce de nuevo a la mente hacia nuevos caminos de indagaciones y dudas.⸺La fuerza de este mecanismo,—añadió mi padre,—es increíble para abrirle la cabeza a un niño.⸺Basta, hermano Shandy,—exclamó mi tío Toby,—para reventársela en mil pedazos.⸺
—Supongo —dijo Yorick, sonriendo—, que ello habrá de deberse a esto —(porque, digan lo que digan los lógicos, no puede explicarse suficientemente por el mero uso de los diez predicamentos)—: a que el famoso Vicente Quirino , entre las muchas otras proezas asombrosas de su infancia, de las cuales el cardenal Bembo ha dado al mundo tan exacta relación, —fuera capaz de fijar en las escuelas públicas de Roma , a una edad tan temprana como su octavo año, nada menos que cuatro mil quinientas cincuenta tesis diferentes, sobre los puntos más absuros de la más absursa teología; —y de defenderlas y sostenerlas de tal manera, que dejó acalambrados y mudos a sus oponentes. —¡Qué es eso —exclamó mi padre—, comparado con lo que se cuenta de Alfonso Tostatus , quien, casi en los brazos de su nodriza, aprendió todas las ciencias y artes liberales sin que se le enseñara ninguna de ellas? —¿Qué diremos del gran Piereskius ? —Ese es el hombre mismo —excitó mi tío Toby —, del que una vez te hablé, hermano Shandy , que caminó cosa de quinientas millas, contando desde París hasta Schevling , y desde Schevling de vuelta otra vez, meramente para ver el carro volador de Stevinus . —¡Era un hombre muy grande! —añadió mi tío Toby (refiriéndose a Stevinus )—; Lo era, hermano Toby —dijo mi padre (refiriéndose a Piereskius )—, y había multiplicado sus ideas tan rápidamente, y acrecentado su saber hasta un caudal tan prodigioso que, si hemos de dar crédito a una anécdota sobre él que no podemos omitir aquí sin socavar la autoridad de cualquier anécdota imaginable —a los siete años de edad, su padre le confió enteramente el cuidado de la educación de su hermano menor, un muchacho de cinco años, junto con la administración exclusiva de todos sus asuntos. —¿Era el padre tan sabio como el hijo? —inquirió mi tío Toby —; No debiera de serlo —señaló Yorick —; Pero ¿qué son estos —prosiguió mi padre —(prorrumpiendo en una especie de entusiasmo)—, qué son estos comparados con aquellos prodigios de la infancia en Grocio , Esciopio , Heinsio , Poliziano , Pascal , José Scaliger , Fernando de Córdoba y otros —algunos de los cuales prescindieron de sus formas sustanciales a los nueve años, o antes, y continuaron razonando sin ellas; —otros superaron sus clásicos a los siete; —escribieron tragedias a los ocho; — Fernando de Córdoba era tan sabio a los nueve, que se creía que tenía al Demonio dentro; —y en Venecia dio tales pruebas de su saber y bondad, que los monjes imaginaron que era el Anticristo , o poco menos. —Otros dominaban catorce lenguas a los diez, —concluyeron el curso de su retórica, poesía, lógica y ética a los once, —publicaron sus comentarios sobre Servio y Marciano Capella a los doce, —y a los trece recibieron sus grados en filosofía, leyes y teología: —Pero os olvidáis del gran Lipsio —apuntó Yorick —, que compuso una obra el día en que nació: —Haberle limpiado los mocos —terció mi tío Toby —, y no hablar más del asunto.