Ojalá mi tío Toby hubiera sido un bebedor de agua; porque entonces se habría explicado el hecho de que, en el primer momento en que la viuda Wadman lo vio, sintiera algo agitarse en su interior a su favor—¡Algo!—algo.
—Algo acaso más que amistad—menos que amor—algo—no importa qué—no importa dónde—no daría un solo pelo de la cola de mi mula, y verme obligado a arrancárselo yo mismo (la verdad es que el pícaro no anda muy sobrado de ellos, y encima es bastante chúcaro), por que vuesas mercedes me dejen entrar en el secreto—
Pero la verdad es que mi tío Toby no era bebedor de agua; no la bebía ni pura ni mezclada, ni de ningún modo, ni en ninguna parte, salvo fortuitamente en algunos puestos avanzados, donde no se podía conseguir mejor licor—o durante el tiempo que estuvo bajo tratamiento; cuando, diciéndole el cirujano que aquello le extendería las fibras y haría que se acercaran antes al contacto—mi tío Toby se la bebía por paz y tranquilidad.
Ahora bien, como todo el mundo sabe que ningún efecto en la naturaleza puede producirse sin una causa, y como se sabe igualmente que mi tío Toby no era ni tejedor—ni jardinero, ni gladiador⸺a menos que por ser capitán queráis a toda fuerza que lo sea—pero entonces no era más que un capitán de infantería—y además, todo aquello es un equívoco⸺No nos queda otra cosa que suponer, sino que la pierna de mi tío Toby—pero eso de poco nos servirá en la presente hipótesis, a menos que hubiera provenido de alguna dolencia en el pie—siendo así que su pierna no estaba demacrada por ningún trastorno en el pie—pues la pierna de mi tío Toby no estaba demacrada en absoluto. Estaba un poco rígida y torpe, debido a la total falta de uso durante los tres años que estuvo confinado en la casa de mi padre en la ciudad; pero era carnosa y musculosa, y en todos los demás aspectos tan buena y prometedora como la otra.
¡Válgame Dios!, no recuerdo ninguna opinión ni pasaje de mi vida en que mi entendimiento se viera más apurado para llegar a fin de mes, y atormentar el capítulo que acababa de escribir al servicio del que le seguía, que en el caso presente: diríase que encuentro placer en meterme en dificultades de este jaez, merced a la única intención de hacer nuevos experimentos sobre cómo salir de ellas⸺¡Alma inconsiderata que eres! ¡Cómo! ¿Acaso los apuros inevitables con que, en calidad de autor y de hombre, te ves cercado por doquier⸺acaso no son ellos, Tristram, suficientes, sino que has de enredarte aún mucho más?
¿No es bastante que estés endeudado, y que aún tengas diez carretadas de tus tomos quinto y sexto todavía —todavía sin vender, y que estés casi al borde de volverte loco para ver cómo te deshaces de ellos?
¿A estas horas no estás atormentado por el vil asma que contrajiste patinando contra el viento en Flandes? ¿Y hace apenas dos meses que, en un ataque de risa al ver a un cardenal orinar como un monaguillo (con ambas manos), se te rompió un vaso en los pulmones, por lo cual, en dos horas, perdiste otros tantos cuartillos de sangre; y de haber perdido otro tanto, ¿no te dijo la facultad que habría llegado a un galón?⸻