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nydus/The Life and Opinions of Tristram Shandy, GentlemanPublic
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Table of Contents

XXVI

No hay nada que muestre el carácter de mi padre y de mi tío Toby bajo una luz más entretenida que su modo diferente de portarse ante un mismo incidente⁠—pues no llamo desdicha al amor, con la convicción de que el corazón de un hombre siempre sale ganando con él⁠—¡Gran Dios! ¿Cómo debió de ser el de mi tío Toby, cuando ya sin él era todo benignidad?

Mi padre, según se desprende de muchos de sus escritos, era muy propenso a esta pasión antes de casarse⁠⸺⁠pero debido a una impaciencia suya, ligeramente socarrona y burlona, cada vez que le sobrevenía, jamás se resignaba como un cristiano; sino que chasqueaba la lengua, resoplaba, se encabritaba, pataleaba, armaba la del pulpo y escribía contra el ojo las más amargas filípicas que jamás hombre haya escrito⁠⸺⁠hay una en verso, dedicada al ojo de no sé quién, que durante dos o tres noches seguidas le había quitado el sueño; y que, en su primer transporte de resentimiento contra él, empieza así:

“Un demonio es⁠⸺⁠y obra tal maldad Cual nunca hizo un pagano, judío o leal.”

En breve, durante todo el paroxismo, mi padre no fue sino insultos y lenguaje soez, rayando casi en la maldición —solo que no lo hacía con tanto método como Ernulphus—, pues era demasiado impetuoso; ni con la prudencia de Ernulphus —porque aunque mi padre, con el espíritu más intolerante, maldecía esto y aquello, y todo lo que bajo el cielo ayudara o fuera cómplice de su amor, jamás concluía su capítulo de maldiciones sobre ello sin maldecirse a sí mismo en el trato, como uno de los más egregios necios y tontos, solía decir, que jamás se hubieran soltado por el mundo.

Mi tío Toby, por el contrario, lo tomó como un cordero⁠⸺⁠se quedó sentado y dejó que el veneno obrase en sus venas sin resistencia⁠⸺⁠en las más agudas exacerbaciones de su herida (como aquella en la ingle) nunca dejó escapar una sola palabra irritable o descontenta⁠⸺⁠no culpó ni al cielo ni a la tierra⁠⸺⁠ni pensó ni dijo nada injurioso de nadie, ni de ninguna parte de ello; se sentaba solitario y pensativo con su pipa⁠⸺⁠mirando su pierna coja⁠⸺⁠lanzando luego una bocanada con un sentimental ¡ay de mí! que, mezclándose con el humo, no molestaba a alma viviente.

Lo aceptó como un cordero⁠⸺⁠te lo digo.

A decir verdad, se había equivocado al principio; pues habiendo dado un paseo a caballo con mi padre, aquella misma mañana, para salvar de ser posible un hermoso bosque que el deán y el cabildo estaban talando para dárselo a los pobres; cuyo bosque estaba a la vista de la casa de mi tío Toby, y le era de singular utilidad en su descripción de la batalla de Wynnendale ⁠—por haber galopado con demasiada prisa para salvarlo⁠⸺⁠sobre una silla incosteable⁠⸺⁠peor caballo, etc., etc.… había sucedido que la parte serosa de la sangre se le había metido entre las dos pieles, en la parte más baja de mi tío Toby ⁠—cuyas primeras punzadas (como mi tío Toby no tenía experiencia en el amor) las había tomado por una parte de la pasión⁠— hasta que al reventarse la ampollita en un caso⁠—y persistir la otra⁠— mi tío Toby se convenció al punto de que su herida no era una herida superficial ⁠—sino que le había llegado al corazón.

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