La oración apologética de mi tío Toby
No soy insensible, hermano Shandy, a que cuando un hombre cuya profesión es la de las armas desea, como yo lo he hecho, la guerra,—esto ofrece un mal aspecto ante el mundo;⸺y a que, por muy justos y rectos que sean sus motivos y sus intenciones,—adopta una postura incómoda al justificarse de miras particulares al hacerlo.
Por esta causa, si un soldado es un hombre prudente, lo cual puede ser sin ser ni una pizca menos valiente, procurará no expresar su deseo al alcance del oído de un enemigo; pues diga lo que dijere, un enemigo no se lo creerá.—Será cauto al hacerlo incluso ante un amigo,—no sea que desmerezca en su estima:—Pero si su corazón está rebosante y un suspiro secreto por las armas ha de encontrar salida, se lo reservará para el oído de un hermano, que conozca su carácter a fondo, y cuáles sean sus verdaderas nociones, disposiciones y principios de honor: Lo que, espero, he sido en todo esto, hermano Shandy, sería impropio de mí decirlo;—muerto peor, lo sé, he sido de lo que debiera,—y algo peor, tal vez, de lo que pienso: Mas tal como soy, tú, mi querido hermano Shandy, que has mamado de los mismos pechos que yo,—y con quien me he criado desde la cuna,—y de cuyo conocimiento, desde las primeras horas de nuestros juegos infantiles, hasta esta, no he ocultado ni una sola acción de mi vida, y apenas un pensamiento en ella—Tal como soy, hermano, debes a estas alturas conocerme, con todos mis vicios y con todas mis debilidades también, ya sean de mi edad, de mi temple, de mis pasiones o de mi entendimiento.
Dime pues, mi querido hermano Shandy, ¿en cuál de ellas te basas para pensar que, cuando condené la paz de Utrecht y lamenté que la guerra no se hubiera llevado a cabo con vigor un poco más tiempo, tu hermano lo hizo con intenciones indignas; o que, al desear la guerra, fuera lo suficientemente ruin como para desear que más de sus semejantes fueran masacrados,—que se hicieran más esclavos, y que más familias fueran expulsadas de sus pacíficas viviendas, meramente por su propio placer:⸺Dime, hermano Shandy, ¿en cuál de mis acciones te basas?
[Por el demonio que no conozco ninguna acción tuya, querido Toby, a excepción de una de cien libras, que te presté para llevar a cabo estos malditos sitios.]
Si, cuando era muchacho, no podía oír el redoblar de un tambor sin que mi corazón latiera a su ritmo, ¿era culpa mía? ¿Sembré yo esa propensión? ¿Hice sonar yo la alarma en mi interior, o la Naturaleza?
Cuando Guy, conde de Warwick, y Parismus y Parismenus, y Valentín y Orson, y los Siete Campeones de Inglaterra, pasaban de mano en mano por la escuela,—¿no fueron comprados todos ellos con mi propio dinero de bolsillo? ¿Fue eso egoísta, hermano Shandy? Cuando leíamos el sitio de Troya, que duró diez años y ocho meses,⸺aunque con un tren de artillería como el que tuvimos en Namur, la ciudad podría haber sido tomada en una semana—¿no me preocupé tanto por la destrucción de los griegos y los troyanos como cualquier muchacho de toda la escuela? ¿No me dieron tres reglazos, dos en la mano derecha y uno en la izquierda, por llamar puta a Helena por su culpa? ¿Derramó alguno de vosotros más lágrimas por Héctor? Y cuando el rey Príamo fue al campamento a suplicar por su cadáver, y regresó llorando a Troya sin él,—ya sabes, hermano, que no pude comer la cena.⸻
⸺¿Acaso denotaba eso que era cruel? ¿O porque, hermano Shandy, mi sangre voló al campamento y mi corazón palpitó por la guerra, —fue una prueba de que tampoco podía conmoverse ante los sufrimientos de la guerra?
¡Oh, hermano! una cosa es para un soldado cosechar laureles, y otra muy distinta es esparcir ciprés.⸺[ ¿Quién te dijo, mi querido Toby, que los antiguos usaban el ciprés en ocasiones fúnebres? ]
⸺Una cosa es, hermano Shandy, que un soldado arriesgue su propia vida, saltar el primero a la trinchera donde tiene la seguridad de ser hecho pedazos; ⸺una cosa es, por espíritu público y sed de gloria, ser el primero en entrar por la brecha, ⸺plantarse en la primera fila y marchar valientemente con los tambores y las trompetas y los estandartes flameando junto a las orejas: ⸺otra cosa es, digo, hermano Shandy, hacer esto, ⸺y muy distinta reflexionar sobre las miserias de la guerra; ⸺contemplar la desolación de países enteros y considerar las intolerables fatigas y privaciones que el propio soldado, el instrumento que las obra, se ve obligado (por seis peniques al día, si es que logra cobrarlos) a soportar.
¿Hace falta que se me diga, querido Yorick, como me dijiste tú en el sermón fúnebre de Le Fever, que una criatura tan blanda y apacible, nacida para el amor, para la piedad y la bondad, como lo es el hombre, no fue hecha para esto? ⸺Pero ¿por qué no añadiste, Yorick, —si no por naturaleza —que lo es por necesidad? ⸺Pues ¿qué es la guerra? ¿Qué es, Yorick, cuando se libra como lo ha sido la nuestra, sobre principios de libertad y sobre principios de honor? ⸺¿Qué es sino la reunión de gentes tranquilas e inofensivas, con las espadas en la mano, para mantener a raya a los ambiciosos y a los turbulentos? Y el cielo me es testigo, hermano Shandy, de que el placer que he hallado en estas cosas, —y ese deleite infinito, en particular, que ha acompañado a mis sitios en mi pradera de bochas,— ha brotado en mí, y espero que en el cabo también, de la conciencia que ambos teníamos de que, al llevarlos a cabo, estábamos respondiendo a los grandes fines de nuestra creación.