—Pero ¿puede deshacerse el asunto, Yorick? —dijo mi padre—; porque, en mi opinión —continuó—, no puede. Soy un canónista despreciable —contestó Yorick—, pero, considerando que la incertidumbre es el peor de los males, al menos sabremos a qué atenernos en este asunto. Odio estas grandes cenas —dijo mi padre—. El tamaño de la cena no es la cuestión —respondió Yorick—; nosotros queremos, señor Shandy, llegar al fondo de esta duda, de si el nombre puede cambiarse o no; y como las barbas de tantos comisarios, oficiales, abogados, procuradores, actuarios y de los más eminentes teólogos de nuestra escuela, y otros más, van a reunirse en torno a una misma mesa, y Didius os ha invitado con tanta insistencia, ¿quién, en vuestra situación, se perdería semejante ocasión? Todo lo que se requiere —continuó Yorick— es avisar a Didius y dejar que él encauce la conversación después de cenar para introducir el tema. —Entonces mi hermano Toby —exclamó mi padre, juntando las dos manos— irá con nosotros.
⸺Deja mi peluca vieja de magistrado, dijo mi tío Toby, y mi casaca galoneada de regimiento, colgadas junto al fuego toda la noche, Trim.