⸻Entonces, positivamente, no hay nada en la cuestión que yo pueda ver, ni buena ni mala.—Pues entonces, déjeme decirle, caballero, que al menos fue una pregunta muy inoportuna,—porque dispersó y disipó los espíritus animales, cuyo oficio era haber escoltado y marchado de la mano del Homúnculo, y haberlo conducido sano y salvo al lugar destinado para su recepción.
El Homúnculo, señor, por muy bajo y ridículo que pueda parecer, en esta era de ligereza, a los ojos de la insensatez o el prejuicio;—a los ojos de la razón en la investigación científica, se presenta confeso:—un Ser protegido y circundado de derechos.⸺Los más diminutos filósofos, que, a propósito, tienen los entendimientos más amplios (siendo sus almas inversamente proporcionales a sus indagaciones), nos muestran incontestablemente que el Homúnculo es creado por la misma mano,—engendrado en el mismo curso de la naturaleza,—dotado de los mismos poderes locomotores y facultades que nosotros:—Que consiste, como nosotros, en piel, cabello, grasa, carne, venas, arterias, ligamentos, nervios, cartílagos, huesos, médula, cerebro, glándulas, genitales, humores y articulaciones;—es un Ser de tanta actividad,—y, en todos los sentidos de la palabra, tan y tan verdaderamente nuestro prójimo como mi Lord Canciller de Inglaterra .—Puede ser beneficiado,—puede ser perjudicado,—puede obtener reparación;—en una palabra, tiene todas las pretensiones y derechos de la humanidad que Tulio , Puffendorf , o los mejores escritores de ética admiten que surgen de ese estado y relación.
Ahora bien, estimado señor, ¡y si le hubiese ocurrido algún percance en su viaje en solitario!; o si, debido al terror propio de un viajero tan joven, mi pequeño Caballero hubiese llegado al final de su trayecto miserablemente agotado; —su fuerza muscular y su virilidad reducidas a la nada; —sus propios ánimos animales alterados más allá de toda descripción, —y que en este triste y trastornado estado de nervios, se hubiese tumbado a merced de sobresaltos repentinos, o de una serie de sueños y fantasías melancólicas, durante nueve largos y larguísimos meses seguidos. —Tiemblo al pensar qué cimiento se habría sentado para mil debilidades, tanto del cuerpo como de la mente, que ninguna habilidad del médico ni del filósofo habría podido jamás en lo sucesivo enmendar por completo.